Mantras, ¿somnolencia o realización?

Retiro de Mujeres.
7 agosto, 2014
Danza elemental.
27 enero, 2015

Prácticamente siempre nos resulta aburrido oír o cantar un mantra, esa serie de silabas a veces imposibles de pronunciar que se repiten una y otra vez hasta el infinito y más allá.

Te voy a contar algo porque tal vez en ese “algo” encuentres todo, eso sí, te lo cuento a mi manera, sin religión ni misterios de otros planetas, es así de fácil, escucha…

Hace siete años estuve en un centro budista.

Hace siete años estaba embarazada de Aisha, muy embarazada, hermosamente enorme y voluminosa pero eso no fue un impedimento para irme a las montañas a compartir unos días con personas que vivían de manera austera y comunitaria su espiritualidad.

Nos levantábamos cada día a las 5:15 de la mañana y atravesábamos con linternas el bosque por caminos abiertos por la mano del hombre hasta llegar al pequeño Templo donde se hacían las practicas. Las dos horas y media de cantos indescifrables en sánscrito, sentada en el suelo haciendo ver que me sabía los mantras y echando alguna que otra cabezadita y algún que otro ronquido me daba a entender que eso no era para mi, pero yo me levantaba cada día a las 5:15 de la mañana para buscarme entre esa adormecedora e interminable práctica monótona y aburrida en aquél entonces.

Uno de los mantras que se usaron para la práctica fue el canto a Tara Verde, un mantra que ayuda a superar el miedo y la ansiedad, que libera de todo descontento y trae felicidad y dicha a tu vida. ¿En serio? Esto debe ser una broma, o tal vez es algo sólo para algunos iluminados.

Me gustó el mantra: Om Tare Tu Tare Ture Soha. Y sin darme cuenta esa energía femenina y liberadora penetró por mi coronilla y se instaló en mi corazón.

Parí una niña un par de meses después de aquella iniciación y no volví a cantar ese mantra, por descuido, pereza o qué se yo. Pero me tatué a Tara en mi brazo y me regalaron un libro sobre Tara escrito por un Rimpoché del Tibet, y así fue pasando el tiempo y Tara iba apareciendo.

Hoy en día lo canto con devoción, he encontrado el sentido del canto más allá de la canción.

Escúchame bien, es parte de mi misión que entiendas la magia que se esconde tras algo tan poco estudiado por nosotrxs lxs occidentales.

En mi experiencia cantar a Tara es cantarte a ti misma, Mujer, a la energía de compasión, belleza y sabiduría de la que estás hecha, es despertar la felicidad y la abundancia, el Amor incondicional y el ser capaz de resolver cualquier problema desde la delicadeza y la conciencia de saber que cualquier contratiempo lo has creado tu, consciente o inconscientemente con lo cual lo puedes resolver conectándote con tu más alta visión, es enraizar tu mente y elevar tu sexualidad creativa, ascender tu sacro al grado que merece, al nivel de sagrado y así despertar para siempre la vitalidad en tu vida, las ganas de crecer, cantar, amar, y sobretodo dar sin esperar nada a cambio.

Todo esto se reduce a ¡CANTA MUJER! CANTA!!

Nosotras, las Mujeres de la Tierra, cantamos sin prejuicios a Tara, al Gran Espíritu, con voces angelicales y con tambores de voces profundas, da igual, todo da igual porque como siempre no importa lo que haces sino cómo lo haces, ni importa el nombre de la práctica que realices porque al fin y al cabo toda tu honra y devoción es hacia ti misma.

Y hoy entiendo porque me levantaba cada día a las 5:15 de la mañana para atravesar el bosque hasta el Templo.

 

Con Amor,

Rous.

DSC_7526

 

Acceso gratuito Comunidad >
Membresía mensual >