Danza elemental.

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Al nacer nos enseñan que nosotros venimos a la Tierra, o llegamos a ella (de vete tu a saber de dónde).
Somos personas que nos colocan en un lugar sin referencias y debemos desarrollarnos con la máxima precisión que nos piden para poder formar parte de algo que llaman sociedad y antes llamaban tribu. La abismal diferencia entre ambas comunidades son los principios en los que se basan.
El ser artificial, reprimido, dependiente, contaminante pero eso sí, cívico muy cívico o bien ser respetuosx, conectadx a los ciclos de la Tierra, trabajar tu espíritu y no tener horarios rígidos, no seguir cánones, amar a lxs niñxs y a lxs ancianxs, ver la sabiduría en cada acto de la Naturaleza… Bien, todo son opciones que aún hoy en día puedes, más o menos, decidir.
La primera es cómoda aunque muy frustrante.
La segunda es dura pero muy gratificante.
Lxs niñxs aprenden desde su propio Cuerpo qué es lo que les da placer o dolor, gusto o disgusto queda claro que de mayores (y no tan mayores) se nos activa esa parte supuestamente racional que nos aleja del mejor sistema de enseñanza y empezamos a funcionar desde la mente que curiosamente no utilizamos ni un diez por ciento de su totalidad… un poco raro y manipulado todo este vivir nuestro, ¿no?
El Cuerpo sí puedes usarlo por completo y a través de él liberar información codificada, encerrada y olvidada, a las pruebas me remito para demostrar que no venimos de ningún lugar exterior a la Tierra puesto que somos parte ella como una prolongación en miniatura de todos sus poderes.
En las Danzas catárticas donde ponemos de manifiesto todos los elementos a través de nuestro Cuerpo podemos sentir esa unidad, la totalidad del Ser con la Naturaleza sin necesidad de largos procesos de sanación, medicaciones ni ayuda externa.
Entonces cuando el Cuerpo llega al límite de lo que lo solemos estimular, empezamos a sentir ciertamente la Tierra en él, la fuerza del sustento de toda nuestra estructura y a acariciar la piel que nos envuelve así como el suelo que envuelve toda la Tierra.

Empezamos a sudar a mares, a sentir el elemento Agua resbalando incontrolable y sanador.

Nuestra respiración se acelera y el aliento se expande fuerte hacia fuera, algún grito de poder se nos escapa durante la acción o suspiros para ventilarnos agradeciendo al elemento Aire su presencia en nosotrxs.

El Fuego transformador nos embarga, el calor aumenta y ese es nuestro espíritu (no el santo) que crece y se hace visible, tangible, real durante la Danza.

A todo este proceso de sentir los elementos en nosotrxs, solemos llamarlo, tristemente, cansancio.
Ya no se disfruta de largas danzas, en largas noches, alrededor de grandes fuegos, porque cuando transitamos por momentos de dolor-placer voluntario se libera toda tensión y una enorme información de quién somos y qué queremos realmente nos llega sin mentiras y eso aún nos da miedo, conocernos nos da miedo y así vamos convirtiendo nuestra vida en el famoso círculo vicioso, dejando incluso de ser el pez que se muerde la cola para pasar a ser la cola que muerde el pez.

El Ser natural y libre no es una secta, es una elección.
La verdadera Danza con tus ciclos, elementos y límites no cansa simplemente te enfrenta.
Y todo ello es increíblemente placentero y liberador de toda condición.

Con Amor,
Rous.

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